Un crimen que hizo cambiar la ley
Todas las madres poseen ese instinto llamado “maternal” que nos alerta de peligros que puedan presentarse a nuestros hijos. Debe ser por eso por lo que algunos crímenes cometidos en Inglaterra durante los años que viví allí me afectaron más que otros. Ya os he contado el caso de James Bukger (de dos años) y de Jessica Chapman y Holly Wells (ambas de diez años). Estos tres niños asesinados habían nacido en 1991, igual que mi única hija. No es de extrañar, por tanto, que estos crímenes me afectaran muchísimo cuando ocurrieron. Yo vivía con mi hija en Inglaterra y ella era de la misma edad que las víctimas. No podía evitar pensar que podría haber sido ella.
Hoy os hablaré de Sarah Payne, también nacida en 1991, que fue secuestrada, abusada sexualmente y asesinada cuando tenía solo ocho años. El caso me pareció escalofriante en su momento y no dejé de seguir todas las noticias sobre él mientras las hubo, a pesar de que duraron muchos años.
En resumen, Sarah Payne estaba pasando un día en la finca de sus abuelos, donde jugaba al aire libre con sus hermanos cuando, de pronto, nadie podía ver dónde estaba. La llamaron y la buscaron por toda la zona, sin resultado alguno: la niña se había esfumado. El cadáver desnudo de Sarah no se encontró hasta dos semanas después, a unas quince millas de distancia del lugar de dónde desapareció. Las ropas que llevaba no se encontraron con el cadáver, lo que dificultaba la investigación y apuntaba a alguien que sabía lo que hacía, posiblemente porque lo había hecho con anterioridad. Tres días después del hallazgo del cadáver se encontró tirado en una cuneta uno de los zapatos de la pequeña que fue identificado por su madre. Al asesino no tardaron en localizarlo porque la investigación empezó con entrevistar a todos los pedófilos registrados como residentes en la zona. Roy Whiting les dio una coartada falsa, que fue fácil de descubrir. Y también se encontró el ADN de Sarah en el coche de Whiting, tras lo cual se le acusó formalmente del asesinato de la niña.
Son varios los aspectos que hicieron que este caso fuese muy comentado y estudiado. El primero fue el uso de evidencia de ADN, que por entonces, era todavía novedoso, pero que luego llegó a convertirse en un arma fundamental en cualquier investigación policial de cualquier crimen violento. En este caso, ayudó mucho a encontrar al culpable y conseguir, tras su juicio, que fuera encarcelado.
Un segundo aspecto que afectó el caso fue político. En Inglaterra, la pena por asesinato es cadena perpetua, pero en ocasiones, el juez puede indicar el mínimo de años que el culpable puede ser encarcelado. En este caso le cayeron cincuenta años, lo que quería decir que no saldría de la cárcel hasta los noventa y dos. Sin embargo, otro asesino acababa de llevar su apelación contra la cadena perpetua al European Court of Justice en Estrasburgo, alegando que no se podía dejar a la arbitrariedad de un juez el número mínimo de años de privación de libertad que correspondía en cada caso. Este hombre ganó su apelación en Estrasburgo y, como consecuencia, se rebajo a cuarenta los años que el asesino de Sarah Payne debía cumplir. Así pues, se espera que Roy Whiting salga de la cárcel a los ochenta y dos años, si es que vive tanto, ya que han sido múltiples los ataques violentos que ha recibido en prisión por otros presos, ninguno de ellos fatal de momento. Los procesos legales son siempre muy lentos y es de esperar que haya cambios de gobierno mientras duran. Y con ellos vienen sentencias más duras o menos rigurosas.
Un tercer aspecto del caso, que es de la mayor importancia, es que la madre de Sarah Payne, Tras años de incansable campaña, consiguió que se cambiase la ley. Os lo cuento: Hasta entonces, había un registro de todos aquellos individuos que habían sido culpable de delitos sexuales contra niños. Pero la población en general no tenía acceso a este registro, de forma que nadie sabía nunca si tu vecino de al lado era un pedófilo consumado.
A partir del incansable trabajo que hizo la Sra. Payne, que abogaba por un cambio en la ley que vino a llamarse “La ley de Sarah”, los padres de hijos pequeños tuvieron acceso al registro y así saber si vivía algún pedófilo cerca de ellos. Si los Payne hubiesen sabido que Roy Whiting, el asesino, que vivía en la misma zona, era un pedófilo que había pasado varios periodos en prisión por ataques sexuales a menores y que su nombre aparecía en el registro de pedófilos, posiblemente habrían podido evitar que su hija desapareciese, fuese abusada y asesinada. Quizás hoy todavía estaría con ellos.
Tal fue la labor de la Sra. Payne, y lo que consiguió, que la Reina Isabel II la distinguió con la condecoración de MBE (Member of the Order of the British Empire) por su lucha por proteger a menores. El padre, en cambio, se dio a la bebida, se divorció de la madre tras 18 años de matrimonio y cuatro hijos, sufrió de depresión y alcoholismo, que lo llevó a la cárcel en una ocasión por atacar violentamente a su hermano con una botella rota, causándole heridas graves, y murió solo, en su casa, pocos años después, a causa de los efectos del alcoholismo en que había caído.
