La tragedia de un crimen que no fue tal

Sally Clark

Sally Clark fue una abogada inglesa que, en noviembre de 1999, fue víctima de uno de los mayores errores judiciales de la historia de Inglaterra. Por aquel entonces, yo acababa de licenciarme en Derecho y había empezado a trabajar como abogada en un bufete de la periferia de Londres. A la sazón mi hija tenía ya ocho años y estaba fuera de peligro; nunca podría ya ocurrirle una cosa así. Pero como madre y abogada, el caso me afectó de una manera especial, fue algo que bien podría haberme sucedido a mí.

Casada con otro abogado, Steve Clark, tuvieron su primer hijo, al que llamaron Christopher, el 22 de septiembre de 1996 y, antes de cumplir los tres meses, el niño murió de repente en su cuna. Sally, su madre, estaba sola en casa con el bebé cuando ocurrió y, al ver que el niño no respondía, llamó inmediatamente a una ambulancia, pero para cuando esta llegó a casa de los Clark, el bebé ya había fallecido. La autopsia no encontró nada significativo en cuanto a la causa de la muerte y esta se declaró haber ocurrido por causas naturales. No se encontró ningún indicio de maltrato, abandono, negligencia, falta de aseo o cualquier otra cosa que pudiera indicar la causa de la muerte. Se dictaminó que el crío había muerto por el llamado Síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL).

Como es frecuente cuando un matrimonio joven pierde a un hijo pequeño, a los Clark se les aconsejó que tuviesen otro hijo lo antes posible y así nació un segundo hijo del matrimonio el 29 de noviembre de 1997, dos meses prematuro, al que sus padres pusieron el nombre e Harry. Lamentablemente este segundo hijo también murió en circunstancias casi idénticas al anterior. La muerte fue repentina y ocurrió cuando el bebé estaba en su cuna y la madre era la única persona adulta en la casa. Una vez más, las investigaciones post-mortem no encontraron señal alguna de que el niño hubiera sufrido mal trato, falta de alimento, higiene o cuidado, agresión, negligencia; en fin, nada que pudiera indicar que al niño lo habían matado. Una vez más, se dictaminó que la muerte había sido por el SMSL.

A pesar de las conclusiones médicas y forenses, Sally fue arrestada y acusada del asesinato de sus dos hijos y, tras un periodo en la cárcel, fue llevada a juicio donde una docena de ciudadanos elegidos al azar decidiría su suerte, una vez presentada toda la evidencia de los casos, tanto la de la Fiscalía como la de la defensa.

Sally fue declarada unánimemente culpable de los dos asesinatos por un jurado de doce ciudadanos tras escuchar lo que la Fiscalía presentó.

Y es que la Fiscalía hizo llamar a un experto en estadística, el Dr. Roy Meadow, que se había hecho famoso por descubrir en los años 70 el llamado síndrome de Munchausen (donde los padres enferman a sus hijos adrede para obtener la atención médica que buscan debido a su propia enfermedad mental), por lo que fue nombrado Caballero del Reino por la entonces monarca Isabel II. La evidencia que proporcionó este experto no tuvo nada que ver con el caso en sí; el hombre se limitó a explicar que, desde un punto de vista puramente matemático, las probabilidades de que en una familia se dieran dos casos de SMSL eran de una entre 73 millones. 

Dr. Meadow

Ante este dato, el jurado decidió que Sally tenía que haber matado a sus hijos y la declararon culpable. La misma Sally, escribió más tarde que, si ella se hubiese encontrado en la situación de ser jurado en ese juicio, ella misma hubiera votado lo mismo que los demás.

Sin embargo, el caso atrajo la atención de los medios de comunicación que le dieron una visibilidad enorme; no había nadie en Inglaterra por aquella época que no hubiese oído hablar de Sally Clark. Esto hizo que expertos en la materia y en otras disciplinas, incluyendo varios matemáticos especializados en estadística, expresaran su desacuerdo con la evidencia aportada por el Dr. Meadow. Según ellos, la verdadera probabilidad de que se dieran dos casos iguales en la misma familia are de uno entre 130.000. Otros especialistas en otros campos hicieron patente que no se había estudiado el perfil de la madre como asesina en serie: no reunía los requisitos, no tenía tendencias violentas o ficha policial, había elegido la ley como su herramienta de trabajo, estaba casada con otro abogado y no daba el perfil. Además, su marido apoyó su inocencia desde el primer momento hasta el último.

Otros expertos indicaron que no se habían tenido en cuenta aspectos genéticos, según los cuales, si en una familia se daba un caso de SMSL, bien podía deberse a un determinado gen en uno de los hermanos que también existía en el otro.

Tal fue la cantidad de apoyo que recibió Sally por parte de la población, que hicieron múltiples campañas para su puesta en libertad, como de muchos profesionales, incluyendo al profesor Ray Hill, profesor de matemáticas en la Universidad de Salford y también el entonces presidente de la Sociedad de Estadística de Inglaterra, que expresaron su desacuerdo con lo expuesto por Sir Roy Meadow en el juicio. La reputación del Dr. Meadow se vino abajo y lo llegaron a expulsar del colegio de médicos, mientras que ponían en libertad a Sally Clark tras una segunda apelación. Pero cuando salió de la cárcel, Sally ya no era la misma: su aspecto había envejecido muchísimo en los tres o cuatro años durante los que estuvo encerrada en la durísima cárcel de mujeres de Holloway: tenía el pelo totalmente blanco y la cara llena de arrugas, a pesar de contar solo con 39 años de edad.

Sally Clark

El daño ya estaba hecho: cuatro años después de ser liberada, con su estado anímico destrozado y a pesar de haber dado a luz a un tercer hijo que permanecía sano, Sally Clark no pudo más y se quitó su propia vida.

Si hay algo bueno que se pueda desprender de este trágico caso es el hecho de que hizo cuestionar otros casos anteriores; se revisaron otros tres en los que las madres estaban encerradas de por vida por supuestamente matar a sus hijos y no encontrando más evidencia que la estadística errónea, fueron puestas en libertad.

He querido limitarme a los hechos judiciales sin entrar en los detalles morbosos del caso, como siempre intento hacer, ya que no me interesan, pero me gustaría concluir diciendo que, si bien la matemática es imprescindible para avanzar en casi cualquier campo, el juntar datos no es suficiente; hay que saber interpretarlos en el contexto de que está en juego la vida de un ser humano, no un simple número.

Hay abundantes referencias al caso que se pueden encontrar por toda la red para aquellos que deseen saber más detalles. Para mí, es suficiente difundir el hecho de que la Justicia no siempre es justa; también se equivoca.

 

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