Un crimen que destapó un escándalo… O dos
Los que seguís mi blog, en mi página web, ya sabéis que siempre os hablo de algún crimen cometido en Inglaterra mientras viví allí con mi hija. Y también sabréis que no me centro en los aspectos morbosos de cada caso, sino en la importancia que tuvieron, tanto para mí como para el resto de la población inglesa, porque se trata de crímenes que tuvieron consecuencias más allá del efecto inmediato del crimen en si.
Hoy os hablaré del secuestro, violación y asesinato de Milly Dowler en marzo de 2002. Creo que, con eso solo, os podeís imaginar el calvario que sufrió la pobre niña.Tenía 13 años y se dirigía a su casa desde el colegio. Esto ocurría en el condado de Surrey. Milly era tres años mayor que mi hija cuando ocurrió. No mucha diferencia para no quedar impactada como madre. No os voy a dar detalles del crimen en sí, pero sí quiero hablaros de dos cosas. La primera, el escándalo que cerró a un periódico que se venía publicando desde 1843; la portada de su último ejemplar decía “Gracias y adiós”. La segunda es exponer cómo los derechos humanos de los criminales son tenidos más en cuenta y más respetados por la policía y el sistema jurídico que los de las víctimas. Es posible que las cosas cambien en Inglaterra después del Brexit, ya que no tendrán que regirse por la legislación europea que, al parecer, los obligaba a obrar así.
La investigación duró mucho tiempo porque el cadaver de Milly no se descubrió hasta Septiembre, unos seis meses después. Durante este tiempo, su teléfono móvil fue hackeado por un periódico inglés, The News of the World. Como el dispositivo estaba lleno de mensajes de voz, el periódico en cuestión los borraba de vez en cuando para dar cabida a nuevos mensajes. Esto tuvo como consecuencia que tanto los padres de Milly como la policía creyeron que Milly seguía con vida y que se había fugado de casa. ¡Lamentable!
El cuerpo de Milly, después de tanto tiempo, estaba muy descompuesto y la policía no pudo obtener de él ninguna pista que los guiara hacia el asesino, así que este permaneció en el anonimato casi diez años y no se le declaró culpable hasta 2011. Durante este largo periodo, Levi Bellfield, el asesino, continuió cometiendo crímenes semejantes hasta que lo pillaron tras uno de ellos. Se le juzgó por ese y otros dos casos más, por los que se le condenó a cadena perpetua sin mínimo de tiempo a cumplir. Como dicen por allí “life is life”. Fue en 2011 cuando se le acusó y juzgó por el asesinato de Milly. Un jurado lo encontró culpable y otra cadena perpetua se añadió a las anteriores. Sin embargo, sólo confesó su crimen en 2016, aunque luego se retractó.
El hackear su teléfono llevó a la policía a investigar y descubrir que el periódico en cuestión hackeaba de forma rutinaria los teléfonos de gente famosa por una u otra razón: actores, personalidades, cantantes, políticos, incluso personas de la familia Real fueron sujetos a este tipo de acción. El escándalo fue espectacular y de enormes proporciones, a raíz del cual el periódico tuvo que cerrar y los periodistas responsables fueron penalizados por la ley. Durante la investigación sobre el hackeo, se descubrió que la policía local sabía desde años atrás que el teléfono móvil de Milly había sido hackeado después de su desaparición, pero no le dieron importancia, hasta incluso llegaron a invitar a ciertos periodistas de The News of the World para ayudarse mutuamente en la investigación. Siendo como es un delito hackear los teléfonos de otros sin su consentimiento, es difícil entender la actuación de la policía de Surrey, sobre todo teniendo en cuenta que eran estos hackeos los que mantenían la esperanza de la familia Dowler de que Milly estuviera aún con vida.
Los padres de Milly se enfadaron muchísimo con el periódico y con la policía. Primero pusieron una demanda judicial contra The News of the World y fueron compensados económicamente por el periódico. Abrieron una fundación para promover la seguridad pública, en particular la de niños y jóvenes. Pero lo peor de todo, para ellos, fue lo que tuvieron que sufrir durante el juicio, cuando fueron contrainterrogados por el abogado defensor de Bellfield. En palabras enunciadas por la madre de Milly al salir del juzgado, traducidas casi literalmente dijo:
“Ha sido una experiencia horrible. Hemos tenido que escuchar cómo se difamaba el nombre de Milly en el juicio, mostrándola como desgraciada y deprimida, cuando nosotros sabemos perfectamente que era una niña divertida y vivaracha. Nuestra familia ha sido sometida a un intenso escrutinio y abierta a todo el que quiera inspeccionarla. Hemos perdido nuestra intimidad y tenido que soportar el escuchar, día tras día, horribles acusaciones para conseguir que el asesino fuese encontrado culpable de la muerte brutal de nuestra hija. Hasta dónde llega el sistema, para proteger los derechos humanos del reo, resulta totalmente injusto comparado con lo que nosotros, como familia, hemos tenido que soportar”.
