Los asesinatos de Soham
Un crimen sin sentido
Otro crimen que me impactó muchísimo durante los años que viví en Inglaterra fue el doble asesinato de Jessica Chapman (Nacida 01/09/91) y Holly Wells (Nacida 04/10/91), dos amigas inseparables de diez años cada una. A la sazón, yo tenía una hija de su edad (nacida el 24/08/91, pocos días antes que Jessica y poco más de un mes antes que Holly). Como comprenderéis, cualquier madre hubiese sufrido tan solo con pensar que bien podría haber sido su hija la que desapareció. Yo fui una de esas madres y no cejé de seguir el caso en los medios de comunicación hasta su resolución.
La historia empezó con la desaparición de las dos niñas de la casa de una de ellas en la que, aquel veraniego domingo por la tarde (04708/2002) organizaron una barbacoa. Habían salido a comprar caramelos a las 18:30 y no regresaron jamás. En la foto que dieron sus padres a la policía para ser diseminada por todos los medios, que había sido tomada aquel mismo día, las niñas aparecían llevando camisetas del Manchester United y sonriendo. Ambas eran muy guapas.
El asesino, Ian Huntley, como suele ocurrir en la mayoría de estos casos, quiso estar presente y activo durante la búsqueda, apareciendo en varias cadenas de televisión, haciendo declaraciones sobre la conmoción en la comunidad. Este era un hombre que trabajaba como vigilante en la escuela secundaria de la misma población y era el novio de una de las maestras de la escuela de las niñas, una tal Maxine Carr. Una pareja de lo más normal y con cierto status social. Ninguno de los dos tenía antecedentes penales.
La primera pista que tuvo la policía de que ellos pudieran estar involucrados fue cuando Maxine Carr fue entrevistada por un periodista y le dijo, refiriéndose a Holly Wells: “era adorable, realmente adorable” (textualmente) refiriéndose a la niña en pasado, como si ya supiera que estaba muerta. Este detalle hizo que la policía empezara a centrarse en la pareja como posibles sospechosos de su asesinato, que por entonces estaba aún por saberse, ya que aún esperaban encontrarlas con vida.
Ambos fueron arrestados bajo sospecha del homicidio de las niñas y su casa fue registrada mientras ellos estaban en la estación de policía siendo interrogados. También registraron, esa misma noche, el colegio donde él trabajaba. Y en este último es donde encontraron las pruebas para acusar a Ian Huntley del asesinato de las niñas: las ropas que llevaban estas al salir de casa, incluidas las camisetas del Manchester United.
Tras el interrogatorio policial de ambos, por separado, que duró unas siete horas, Ian Huntley fue acusado formalmente de los dos asesinatos y Maxine Carr fue puesta en libertad condicional ya que encontraron que ella no había sido cómplice del asesinato, pero había interferido con el proceso judicial al darle una falsa coartada a Huntley. Nunca se supo el motivo que impulsó a Huntley a matar a las niñas, aunque se hicieron montones de elucubraciones. Él nunca lo dio a conocer, si es que lo había.
Los cuerpos de las niñas se encontraron dos semanas tras su desaparición, en un bosque a treinta kilómetros de Soham; estaban seriamente descompuestos, muy probablemente porque el asesino los había quemado con la intención de hacer desaparecer cualquier evidencia que lo inculpara.
Una evaluación psiquiátrica de Huntley dejó clarísimo que el hombre estaba en sus cabales y no era un enfermo mental como él había querido aparentar. Le cayeron dos cadenas perpetuas consecutivas, teniendo que cumplir un mínimo de cuarenta años en la cárcel. Un detalle curioso es que esta sentencia fue pasada el día antes de que se aprobase la ley que dictaba cárcel de por vida al autor de cualquier asesinato. Si lo hubiesen sentenciado al día siguiente, el juez no habría tenido más remedio que meterlo en prisión para el resto de sus días.
A Carr la sentenciaron a tres años y medio de cárcel por haber dado una coartada falsa al asesino.
Otro detalle curioso de este caso es cómo se supo que Huntley había estado presente en el lugar donde se hallaron los cadáveres, y cómo y cuándo había llegado hasta allí. Y esto fue gracias a la colaboración de una botánica que había dedicado su vida a estudiar el mundo microscópico de las plantas y el polen y fue capaz de identificar el lugar por el tipo de flores que crecían allí. El polen, a diferencia de otras formas de evidencia, no se lava fácilmente, ya que se incrusta en todo lo que roza. Encontró, en la ropa de Huntley, polen que se había adherido cuando enterró a las niñas. Lo encontró a la altura del hombro, tras haberse tropezado con una valla que había allí, y también al nivel de las rodillas, indicando así que se había arrodillado en el lugar donde las enterró. Esta era la primera vez que la doctora Patricia Wiltshire utilizaba sus conocimientos del mundo microscópico vegetal para resolver un crimen. Siguieron muchas más.

Si te gustan las historias de misterio que van más allá del simple «¿quién lo hizo?», Los crímenes de Peckham es una lectura que no puedes perderte. Es mucho más que una novela de detectives: es una exploración de cómo el crimen y las decisiones personales afectan a una comunidad entera. Además, la capacidad del autor para mantener el suspenso hasta el final es impresionante. Cuando crees que has entendido todo, surge Si te gustan las historias de misterio que van más allá del simple «¿quién lo hizo?», Los crímenes de Peckham es una lectura que no puedes perderte. Es mucho más que una novela de detectives: es una exploración de cómo el crimen y las decisiones personales afectan a una comunidad entera. Además, la capacidad del autor para mantener el suspenso hasta el final es impresionante. Cuando crees que has entendido todo, surge un giro inesperado que cambia completamente la perspectiva. giro inesperado que cambia completamente la perspectiva.