Un crimen espeluznante

niños asesinos LIverpool

Hola a todos.

 Tal y como os anuncié en mi anterior edición, os voy a contar algunos crímenes famosos que ocurrieron en Inglaterra mientras yo viví allí. El de hoy es quizás el que más me afectó en su momento. Sucedió el doce de febrero de 1993; yo estaba en Londres estudiando Derecho y, a la sazón tenía una hija de dos años de la que solo yo era responsable, tras el divorcio de mi primer marido. Enseguida entenderéis por qué me impresionó tanto.

Ocurrió que un niño de dos años llamado James, que había ido con su madre y su tía a un centro comercial, desapareció de su lado mientras su madre estaba pagando la última de las compras del día en una carnicería. Apenas dejó de verlo unos segundos y, cuando se dio la vuelta, James no estaba. Asustada, buscó y rebuscó sin éxito. Salió de la carnicería hacia las zonas comunes del centro, pero por más que lo intentó no pudo encontrarlo. Su miedo fue creciendo y su angustia también a medida que iba pasando el tiempo. Avisó primero al servicio de seguridad del centro, quienes aconsejaron avisar a la policía. Así se hizo, pero tampoco pudieron dar con él.

James Bulger

El cuerpo de James no se encontró hasta dos días más tarde, durante los cuales sus padres (y toda la nación, yo incluida) sufrieron lo indecible. El cadáver estaba dividido en dos trozos tras haber sido partido por un tren que no pudo verlo tumbado sobre la vía, a unos dos o tres kilómetros del centro comercial, donde había sido abandonado después de muerto.

La autopsia reveló que no fue el tren lo que mató a James, sino la tortura y el abuso físico al que había sido sometido con anterioridad, el mismo día en que desapareció.

Cámaras de seguridad del centro comercial lo habían captado caminando, por los amplios pasillos con dos niños mayores que él, uno a cada lado. La imagen parecía natural: un pequeño acompañado de sus hermanos. Nadie sospechó durante este periplo hacia la salida del centro, si bien, una vez fuera, James empezó a protestar y decir que quería volver con su madre mientras gimoteaba y lloriqueaba. Fueron muchos los transeúntes que los vieron, y también numerosas las cámaras de las calles que los captaron a medida que caminaban hacia la vía del tren. Pero casi nadie preguntó; la gente asumió que eran hermanos y que el pequeño estaba cansado de andar. Los pocos que se extrañaron recibieron la misma respuesta de uno de ellos: era su hermano pequeño e iba cansado, de ahí sus quejas.

niños asesinos Liverpool

En esos momentos los golpes no habían empezado todavía; lo harían poco después, cuando los tres abandonaron la zona habitada y entraron en el descampado que rodeaba la vía del tren. Lo pegaron multitud de veces con ladrillos y barrotes de hierro, sobre todo en la cabeza, pero también en otras partes del cuerpo.

En este punto, una anciana se topó con ellos y los niños mayores le explicaron que acababan de encontrar a James en esas terribles condiciones y que se dirigían a la ciudad para llevarlo a la primera estación de policía que encontraran. Al parecer, la anciana les creyó, ya que no dio la voz de alarma.

James murió de los múltiples traumas infligidos en su cuerpo por los dos niños y, una vez, muerto, lo abandonaron sobre la vía del tren, posiblemente con la esperanza de que al ser atropellado se haría picadillo y sería imposible reconocerlo.

Lo más espeluznante del caso es que los asesinos tenían tan solo diez años cada uno. Habían faltado a clase ese día y una maestra del colegio al que asistían los reconoció cuando se mostraron las imágenes captadas por las diversas cámaras.

La ley en Inglaterra y País de Gales establece responsabilidad penal a los diez años. Así que los niños asesinos fueron juzgados como adultos y enviados a la cárcel por secuestro, tortura y asesinato.

Robert Thompson y Jon Venables

Cuando cumplieron los 18 años, se les dejó en libertad con nuevas identidades para su propia protección, ya que ningún país quiso recibirlos. El caso había sido muy mediático y, de saberse su verdadera identidad, alguien se hubiera tomado la justicia por su mano. Fueron enviados a dos ciudades distintas lejos de donde ocurrieron los hechos. Uno de ellos, sigue en libertad condicional y poco o nada se sabe de él, pero el otro ha vuelto a la cárcel habiendo sido pillado de nuevo en dos ocasiones por posesión y distribución de pornografía infantil. De momento no se le permite apelar, ya que jamás ha demostrado la más mínima contrición por lo que hizo.

Pero todo se andará, me temo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll hacia arriba